El Supremo israelí suspende la decisión de quitar la residencia a los diputados palestinos

El Supremo israelí suspende la decisión de quitar la residencia a los diputados palestinos
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Vista del Monte del Templo en la ciudad vieja de Jerusalén, en Israel, hoy, 13 de septiembre de 2017 antes de la celebración del Año Nuevo judío o Rosh Hashanah. EFE

Jerusalén, 13 sep (EFE).- El Tribunal Supremo israelí suspendió hoy la decisión de retirar el permiso de residencia por “incumplimiento de lealtad” a cuatro parlamentarios palestinos que hace diez años vivían en Jerusalén Este.

Con los votos de seis magistrados a favor y tres en contra, el Supremo anuló para los próximos seis meses la cancelación de la residencia y dio este tiempo al Parlamento israelí para que cambie la legislación y pueda retirarse el permiso por esa acusación, según un comunicado de las ONG Adalah para la defensa de las minorías árabes y la Asociación por los Derechos Civiles en Israel (ACRI).

La nota explica que Muhamad Abu Teir, Ahmad Atun, Muhamad Tota y Jaled Abu Arafe, integrados en el Movimiento Cambio y Reforma, fueron elegidos miembros del Consejo Legislativo Palestino en 2006.

Unos meses después el entonces ministro del Interior israelí, Roni Bar On, pidió la revocación de sus permisos de residencia alegando “incumplimiento de lealtad” por ser miembros de un Parlamento extranjero y aseguró que pertenecían al movimiento islamista Hamás, considerado un grupo terrorista por Israel, EE.UU. y la UE.

Los cuatro fueron deportados a la ciudad cisjordana de Ramala, una decisión ante la que protestaron los acusados, Adalah y ACRI, al considerarla una violación de sus derechos y porque la ley “no da a un ministro la autoridad legal para cancelar la residencia permanente bajo esos cargos”.

Aunque las ONG expresaron su satisfacción por la resolución del tribunal, lamentaron que llegue “una década más tarde, tiempo durante el que los derechos de los peticionarios han sido brutalmente violados”.

Desde el comienzo de la ocupación israelí de Jerusalén Este en 1967 y su posterior anexión en 1980 en una decisión unilateral no reconocida por la comunidad internacional, Israel ofrece a los palestinos de la ciudad la residencia permanente.

Estos tienen derecho a solicitar la ciudadanía.

Desde 1967 hasta 2016, se ha retirado el estatus a más de 14.595 palestinos en la parte oriental, según datos del Ministerio de Interior israelí.

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Israelíes y palestinos ven cómo muere Oslo casi un cuarto de siglo después

Jerusalén, 13 sep (EFE).- El proceso abierto con los Acuerdos de Paz de Oslo está ya para muchos muerto, cuando hoy se cumplen 24 años de su firma en Washington por parte de israelíes y palestinos bajo el auspicio del entonces presidente estadounidense Bill Clinton.

“Creo que 24 años después, los únicos que recuerdan Oslo son los noruegos”, aseguró a Efe el analista político palestino Basem Eid, quien sostuvo que a estas alturas “ni los israelíes ni los palestinos creen en estos acuerdos”, que entonces respaldaron.

La imagen del entonces presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yaser Arafat, estrechando la mano al que era primer ministro israelí, Isaac Rabin, dio la vuelta al mundo y se interpretó como el punto de partida hacia el fin de décadas de conflicto.

Los acuerdos -Oslo I (1993) y Oslo II (1995)-, establecían un periodo de cinco años de autonomía provisional para los territorios palestinos que debía desembocar en una solución permanente a los principales escollos: la definición de fronteras, los refugiados, los asentamientos judíos en territorio ocupado, la seguridad y el estatus final de Jerusalén, reivindicada como capital por ambos.

Fueron la base sobre la que se gestó una transformación palestina gradual -aún en marcha- de la organización social, economía, infraestructuras, relaciones con el exterior e Israel, entre otras cuestiones, que debería haberse completado con el reconocimiento de un Estado palestino independiente, que hoy sigue siendo la única solución válida para la comunidad internacional.

Pero Palestina sigue sin ser un Estado soberano.

“Hay una falta de confianza y seguridad, y de crear puentes para la coexistencia. En los últimos años la brecha de odio entre ambos se ha ampliado”, consideró Eid, que culpó a las dos partes porque “ninguno ha cumplido con el acuerdo, que ahora está prácticamente muerto”.

En su opinión, Oslo ha dejado de ser la referencia para la paz, que fue seguida por otras propuestas como la Iniciativa de Paz Árabe de 2002 o la Hoja de Ruta para la Paz apadrinada por el expresidente de EE.UU. George Bush, ese mismo año.

En cualquiera de los casos, defendió, el deber de alcanzar la paz está en palestinos e israelíes “y nunca en una tercera parte”.

El ex director general del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel y exembajador Alon Liel confesó a Efe que Oslo, “desafortunadamente, está prácticamente muerto. Es una tragedia”.

“Siempre creí en los dos estados, pero ahora tenemos un Gobierno que más que no apostar por ella, la combate. A día de hoy, tenemos que preguntarnos si esta solución está todavía viva o no”, cuestionó Liel.

Liel expresó la esperanza en que la comunidad internacional “ejerza suficiente presión” para hacer realidad este proyecto, fundamentalmente a través de la implementación de resoluciones como la aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU en diciembre que condena la expansión de los asentamientos.

Aunque teme que sea demasiado tarde.

“El público israelí ha perdido interés y momentum, y los palestinos están demasiado debilitados para luchar por esta solución”, dice en referencia al gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), creado por Oslo para gobernar los territorios ocupados y que encabeza Mahmud Abás y ha perdido legitimidad tras una década sin elecciones.

Desde la firma en Washington ante Clinton, han pasado más de dos décadas en las que palestinos e israelíes han sufrido una violenta Intifada, la salida de los colonos israelíes de Gaza y tres conflictos en la Franja, que lleva una década bajo bloqueo y está separada políticamente de Cisjordania por la división entre el islamista Hamás y el nacionalista Al Fatah.

La ocupación israelí ha causado un progresivo deterioro de la economía palestina, se ha expandido por un territorio que cada vez se escapa más al control de estos y ha reducido la confianza en cualquiera de los innumerables intentos de paz que han seguido infructuosamente a Oslo.

El desgaste y la falta de credibilidad en un proceso que en su día generó grandes esperanzas pero que en la calle hoy suena a viejo han minado la fe en futuras negociaciones de paz.

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